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La Lágrima Dolorosa de la Iglesia (12/06/2024)

  • Foto del escritor: Lucas Gelásio
    Lucas Gelásio
  • 9 feb
  • 2 Min. de lectura

Hace pocos días, relaté la visión que la Monja Nordestina tuvo, en diciembre de 2023, de una iglesia de cristal que se agrietaba. Después de recibir la revelación, ella empezó a vivir días de prueba, aridez y angustia espiritual. Solo sentía consuelo divino cuando rezaba por otras personas. Cuando rezaba por ella misma, sentía profunda soledad.


La prueba duró hasta el 12 de junio pasado, cuando, antes del amanecer, la monja tuvo un bello y triste sueño. Soñó que estaba con otras hermanas en las afueras del convento cuando apareció, delante y encima de ellas, un gran destello de luz. En la luz, a un poco más de un metro de distancia, estaba Nuestra Señora de Fátima, cuya belleza superaba la de cualquier imagen conocida.


La Virgen, con una suave y triste sonrisa, miraba a la monja. Cerró lentamente Sus ojos y dejó caer, del ojo derecho, una gran lágrima. La monja se acercó rápidamente y atrapó la gota antes que tocara el suelo. Con la lágrima en la mano y mirando a María, le preguntó:


— Esa es la lágrima dolorosa, ¿la división en la Santa Iglesia?


La Madre de Dios asintió con la cabeza. La tristeza de Su bellísimo rostro dolía en el alma de la monja. María abrió los brazos y, en ese momento, una fuerte lluvia empezó a caer.


— Recojamos esta agua — dijo la monja, todavía mirando a la Virgen —, son las lágrimas de nuestra Madre. El agua es bendita.


Nuestra Señora asintió con la cabeza nuevamente. Con una triste sonrisa, desapareció lentamente.


La lluvia continuó por un tiempo, mientras las monjas recogían el agua en vasijas. Cuando dejó de llover, surgieron en el cielo muchas estrellas, que brillaban en diferentes colores. Las estrellas coloridas se movían como en un melódico baile celestial, con una belleza inexplicable. Las monjas, maravilladas, observaban el fenómeno, hasta que el sueño terminó.


Cuando despertó, la monja sintió como si un rayo de luz tocara su alma y la prueba espiritual, que ya se prolongaba por tantos meses, llegó a fin. Se sintió renovada, con ganas de sufrir aún más y la disposición de pasar por toda la prueba de nuevo, solo para poder consolar a la Madre de Dios.


En Garabandal, Nuestra Señora dijo que una lágrima dolorosa vendría antes del Aviso y sería un tipo de cisma. Oremos por la Santa Iglesia.


Traducido por: Katia Nogueira

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Professor Lucas Gelásio
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©2024 por Lucas Gelásio

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