El que puede parar la ola (febrero y julio 2023)
- Lucas Gelásio
- 14 ene
- 2 Min. de lectura

El 27 de febrero de 2023, la Monja Nordestina había terminado sus oraciones antes de dormir, cuando tuvo una visión: se le apareció el mar, inmenso y tranquilo, y en él un barco pilotado por un hombre. Se formó una ola de tamaño colosal y se movió en dirección al barco. En el lado opuesto de la ola, estaba la costa de una gran ciudad. Otro hombre estaba en la arena de la playa, con sus brazos abiertos, de frente hacia el mar. Él tenía un aspecto majestuoso y daba la impresión de tener el poder de parar la ola y no dejarla golpear ni al barco, ni a la cuidad.
Meses después, el 4 de julio de 2023, cuando adoraba al Santísimo, la moja vio a Nuestro Señor. Él le mostro sus llagas, de donde salían luces, y le dijo:
“Hija, Yo soy el Cordero, soy aquel que abre el Libro. Acércate a mí, mira Mi costado abierto y traspasado por toda la humanidad pecadora. Mira dentro de Mi llaga, mira Mi corazón. Este es el libro que contiene todos Mis secretos. Soy Yo quien te revelo las páginas de este libro, por medio de tu ángel.
Esposa Mia, reza mucho por el Santo Padre, sacrifícate por él. Lo que él hace ahora es parte de aquello que está escrito en el Libro para este tiempo. Reza mucho por él. Él caerá, pero será amparado por los brazos de Mi Madre. Ella lo fortalecerá, sanará sus heridas y lo guardará durante la prueba.
Recuerda que soy el hombre en la playa, aquel que tiene el poder de parar la ola. Incluso cuando Yo permito que golpee el barco, ella no lo hará perecer.
Reza mucho por el Santo Padre. Él es el hombre en el barco, pero no estará solo. Cuando yo permita que la ola golpee al barco, recuerda que estaré con Mi Iglesia para siempre y que ella jamás perecerá.”
La monja entonces recibió de su ángel de la guarda, para meditar, los capítulos 5 y 22 del Libro del Apocalipsis.
En el capítulo 5, San Juan habla del libro de siete sellos que es abierto por el Cordero y que da inicio a las revelaciones sobre la Gran Tribulación. En el capítulo 22, la revelación termina y Dios bendice a los que ponen en práctica las palabras profetizadas.
Ofrezcamos penitencia y comunión por el Papa y estemos unidos al Sagrado Corazón de Jesús. Solamente el Cordero Inmolado, presente en la Eucaristía, puede parar lo que está por venir contra la Iglesia y el mundo.
Traducido por: Maria Cristina Jacome
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